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Sesión 9


Sesión 9
La sesión se lleva a cabo el día miércoles 12 de junio de 2018.
Para dar inicio a la clase se reanudan las exposiciones,  la siguiente exposición es Utopía de Tomás Moro.

Utopía

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Tomás Moro es convocado al Parlamento para intentar solucionar unos asuntos entre Enrique VIII y el príncipe Carlos junto a Cuthbert Tunstall, un gran hombre al que Moro le tiene mucho aprecio.
Tras varias reuniones sin llegar a ningún acuerdo, Tomás Moro se fue a Amberes y allí
se encontró con su gran amigo Pedro Gilles, el que le presentó a Rafael Hitlodeo, un hombre muy sabio que había viajado mucho junto a Américo Vespucci ,gran navegante, había observado todo tipo de sistemas de gobierno, formas de vida y leyes en las tierras a las que había llegado.
Tomás Moro, al comprobar que Hitlodeo era un hombre muy elocuente y sabio, le propuso que se pusiera al servicio de algún monarca como consejero, que valdría la pena. Rafael Hitlodeo se negó dando un argumento estupendo y sacando el tema del poder de los monarcas de otras tierras en las que había estado.
Pedro Gilles, Tomás Moro y Rafael Hitlodeo estuvieron hablando un largo rato sobre los problemas que afectan hoy en día a la sociedad y a los monarcas, discutiéndolos y cada uno ofreciendo su punto de vista.
Salieron temas como el de los ladrones, cómo se podría disminuir su número; la pena de muerte; los intereses de los reyes, que deberían importar más los de la colectividad; la injusticia y la forma de gobernar. Llegado este punto, Rafael Hitlodeo hace mención de las formas de gobierno que ha visto en los diferentes lugares, exponiendo lo bueno y lo malo de cada uno y analizando cada cual. Salió el nombre de una isla llamada
Utopía donde desembarcó en uno de sus numerosos viajes y donde permaneció durante 5 años.
 Comenzó a hablarles de las costumbres y organización de los utopianos pero solo por encima. Tomás Moro y Pedro Gilles se quedaron impresionados y a la vez se mostraron reacios a que pudiera funcionar ese tipo de gobierno utópico. Así que Moro, al igual que Gilles, pidió a Hitlodeo que describiera más detalladamente la isla de Utopía, sus costumbres, sus leyes y su organización, Sociedad de Utopía, Bases económicas

Los utopianos desconocen la moneda. No dan valor al oro ni a la plata, usan estos metales para apresar a los esclavos y para comprar a los ejércitos mercenarios en caso de guerra.
La principal base económica de la gente de Utopía es la agricultura.
Los campesinos cultivan la tierra, siembran grano, crían ganado en cantidad muy superior al consumo, labran la madera. Los excedentes se llevan a la ciudad. Los cereales solo se usan para hacer pan. Los utopianos beben vino de uva, de manzana o de pera.
A cada ciudad le pertenecen terrenos cultivables en una superficie no menor a 12 millas a cada uno de los cuatro lados. En medio de los campos hay casas rurales muy cómodas y equipadas. Todos los años 20 agricultores de cada familia vuelven a la ciudad y son reemplazados por otros 20 después de haber estado trabajando en el campo durante dos años.
Los objetos necesarios que no se pueden encontrar en el campo los piden a la ciudad, consiguiéndolos sin nada a cambio.

Relaciones sociales

Utopía está formada por 54 ciudades separadas por 24 millas cada una. Cada ciudad consta de seis mil familias sin contar con la población rural. Cada familia consta de 40 miembros. Para controlar la población, se cuida que cada familia no tenga más de 16 y menos de 10 adultos. En cuanto al matrimonio, la mujer no se casa antes de los 18 años y el hombre no antes a los 22 años. No pueden mantener relaciones sexuales antes del matrimonio, caso de hacerlo, son severamente amonestados y castigados.
El más anciano de cada familia preside la misma. Las mujeres sirven a los maridos, los hijos a los padres, y, en general los menores a los a los mayores.
Cada ciudad se divide en cuatro distritos iguales. En cada distrito hay un mercado público donde se encuentra de todo. Allí convergen los productos del trabajo de cada familia. Cada padre de familia va a buscar al mercado las provisiones para los suyos sin que se le pida nada a cambio.

Vida política. Sistema político

Utopía se basa en una República en la que no hay propiedad privada, hay tolerancia religiosa, existe la casi total igualdad y el servicio militar, para el que quiera, pero solo en caso de amenaza de guerra.
Todos los años cada grupo de 30 familias elige su juez, llamado filarca.Cada 10 filarcas están presididos por el protofilarca. Finalmente 200 filarcas eligen en voto secreto y proclaman príncipe a uno de los cuatro ciudadanos nominados por el pueblo. El príncipe es vitalicio, a menos que el príncipe sea sospechoso de aspirar a tiranía. Los protofilarcas todos los años se someten a reelección, si bien no se les cambia sin graves razones. Los demás magistrados se renuevan todos los años.
Cada tres días, o antes, los filarcas, presididos por el príncipe, se reúnen en el consejo y discuten sobre los asuntos públicos y los conflictos que puedan existir. La ley establece no decretar nada a la ligera, sino que hay que reflexionar y dar argumento.

Ética

En lo referente a la ética o filosofía de las costumbres, los utopianos coinciden en los mismos problemas que nosotros. Se plantean el problema del bien o felicidad del alma, del cuerpo y de los bienes externos. Les preocupa saber si el término bien conviene a estas tres categorías o solo a las dotes del espíritu. Reflexionan sobre la virtud y el placer. Pero el principal asunto que les interesa es saber dónde está la felicidad del hombre, a lo que responden que el placer es la única fuente de felicidad humana.


Guillermo de Ockham

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Guillermo de Ockham rompe con la filosofía escolástica y con la idea medieval de la existencia de una relación de dependencia entre razón y fe. Da una vuelta completa al pensamiento de San Agustín y Santo Tomás de Aquino, relegando la teología al terreno de la revelación y eliminando su competencia en toda cuestión distinta de la fe. Es imposible demostrar, desde el ámbito de la razón, la existencia de Dios, dejemos pues que la filosofía se ocupe de lo suyo, el saber.
Ockham es un empirista que defiende que la única fuente de conocimiento es la experiencia sensible, y el método intuitivo como camino para llegar a la verdad. Así, niega la existencia de los universales. No son más que los nombres de las cosas, abriendo el camino al empirismo moderno.
Pensamiento de  Guillermo de Ockham
1. Principio de parsimonia o principio de economía
El Principio de parsimonia es, sin lugar a dudas, su principio más conocida y su aportación más relevante, tanto a la biología, la teología, la lingüística, la economía, la estadística, la música, la medicina o la física, y se conoce como la “navaja de Ockham”. Según este principio con implicaciones extraordinarias en el campo científico, en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla es casi siempre la correcta. Eses decir, no deben multiplicarse las causas sin necesidad, no hay, pues, que multiplicar las entidades.
De esta forma, Ockham elimina todo aquello que no puede ser conocido empíricamente, a partir de la experiencia, por intuición, es decir, todo lo superfluo e innecesario para explicar el mundo. La escolástica se había dedicado a multiplicar las entidades sin necesidad, como lo había hecho Platón, dificultando así, el desarrollo de la ciencia.
2. Principio nominalista
El nominalismo de Ockham es radical, al afirmar que los universales son sólo los nombres de las cosas. Lo único que existe es lo singular, lo concreto, lo particular, no hay necesidad alguna de postular la necesidad. No existe una esencia universal común a todos los individuos de una misma especie, sino conceptos universales o nombres que sirven para designar a las cosas que comparten características comunes.
3. Principio empirista
Podemos decir que Ockham es el padre del empirismo moderno, que entiende que solo pueden conocerse las cosas particulares, los objetos sensibles, lo singular, y únicamente puede llegar a conocerse empíricamente, a través de la experiencia, es decir, por conocimiento intuitivo, directo e inmediato de la realidad, esto es, de las cosas particulares.
4. Principio voluntarista

Rompe con la relación de dependencia entre razón y fe, y con la idea de necesidad. El mundo es contingente y es así, por la voluntad de Dios, pero si hubiera querido, podía haber sido de otra manera, porque Dios es omnipotente. Esto significa que no existen principios a priori que rijan el orden del mundo. Vemos, pues, que Ockham quita poder a la razón, para defender la primacía de la fe. Empieza la era moderna.

Nicolás Maquiavelo

El Príncipe (1513)
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Maquiavelo divide a los principados en dos categorías: hereditarios y nuevos. La primera clase viene de la sangre y de saberse heredero de algún reino; los principados nuevos se obtienen por vía directa de la proclamación o al añadirse un pueblo al Estado. A su vez, el autor hace notar que dichos pueblos están habituados a vivir bajo cierto régimen o libres. El nuevo príncipe pudo haber adquirido aquel nuevo reino con la ayuda de armas ajenas, propias, gracias a la suerte y en el mejor de los casos, a su valor. 
Pero, si el nuevo estado se diferencia en lengua, costumbres y constitución, las dificultades aumentan. Para mantener el poder, Maquiavelo sugiere que el príncipe vaya a radicar al nuevo terreno y que suprima de inmediato cualquier asomo de rebelión o descontento. Las colonias a su vez, son de mucha ayuda para mantener el orden y la vigilancia del nuevo estado adquirido. A sí mismo, el príncipe debe convertirse en jefe y protector de los reinos vecinos –sobre todo de los menos fuertes- para que a la postre, se debiliten los reinos vecinos y poderosos. Maquiavelo pone a los Romanos como ejemplo: de todas las provincias que se adueñaron, las poblaron primero con colonias, no permitieron que los reinos vecinos aumentaran su fuerza y no dejaron que alguna potencia extranjera se instale en las cercanías; sabiamente previeron que alguien poderoso, haciendo alianzas con los menos fuertes, pudiera en un momento dado convocar una rebelión y destronar al creciente imperio. El que ayuda a otro a hacerse poderoso provoca su propia ruina. 
El siguiente capítulo, aconseja sobre la manera de gobernar un territorio de ajenas y recientes costumbres. Maquiavelo propone arruinarlos o mudarse a dichos territorios. Así mismo, recomienda permitir o no la conservación de sus leyes previo estudio de la cantidad de enemigos que el nuevo príncipe pueda tener. 

Los capítulos VI, VII y VIII hablan de las tres maneras de adquirir un principado: a) por valor y con armas propias, b) por fortuna y armas no propias y c) los que llegan por obra de sus maldades. 

De los primeros, el autor advierte sobre los enemigos que tendrá al introducir las leyes que regirán su estado. Es de suponer, que aquellos beneficiados del antiguo régimen tornan perjudicados al entrar el nuevo. Por ello, la oposición es abierta y en tiempos de crisis defienden poco al sistema. El príncipe, debe mantener su carácter – demostrado de sobra pues las armas y los ejércitos usados le eran propias y tendrá el mérito de conquistar aquel territorio y sumarlo a su reino- Habrá que aclarar que también un estado es nuevo por razones internas de donde surgen caudillos que pretendan cambiar el sistema. 

En el caso de aquellos que ascienden al principado gracias a la fortuna y a las armas prestadas, Maquiavelo apunta: los estados que se forman de repente no tienen las raíces que le son necesarias para consolidarse. En otras palabras, no es de buen augurio llegar a un reino en condiciones adversas. Los oportunistas que ven coronadas sus expectativas, carecen de la energía y la visión necesaria para mantener un puesto de tales dimensiones. 

Finalmente, los que llegan al principado por el uso de la maldad, podrán alcanzar el dominio más nunca la gloria. Sin embargo, no resta agregar que tales hombres de viles decisiones, mantuvieron una actitud temeraria que los llevó a reunir ejércitos tras ejércitos hasta ascender a un título monárquico y lo anterior también es factible. Maquiavelo aprovecha y escribe sobre el equilibrio que debe haber durante los actos de severidad mal usados es decir, los castigos reales. 

Un civil puede llegar a un principado de dos maneras; una sería por el uso de la maldad, arriba explicado, y otra por medio de la aprobación y promoción directa de sus conciudadanos. El Principado Civil es como lo llama Maquiavelo y es tema del capítulo IX. Aquí no se necesita del valor o la fortuna sino de una astuta combinación de ambos. De la misma manera, el príncipe civil debe enfrentarse a las necesidades de los grandes con el pueblo, responsable directo de su triunfo. El panorama no es fácil pues el pueblo sólo quiere no ser oprimido y los aristócratas, terratenientes o burgueses etc., no quieren hacer el trabajo del pueblo. 

A continuación, Maquiavelo observa la manera como un reino se mide frente a los otros. Un príncipe es autosuficiente cuando tienen suficientes hombres para armar un gran ejercito capaz de intimidar a los vecinos. Cuando no es el caso, queda amurallar el reino y defenderlo. En caso de ataque, habrá de confiar en la gratitud popular hacía su rey. De ahí la importancia previa de ganarse su confianza y respeto.

Artículos científicos:

-Notas sobre los príncipes II :


 Quinientos años son muchos o pocos según para qué cosas. A nuestro entender, la única revolución en el ámbito de los estudios maquiavelianos es trabajar para conocer, en la medida de lo posible, cada vez mejor, qué quiso decir y de qué modo Maquiavelo cuando escribió lo que escribió. Este es el camino, erudito y científico, para reconocer (y restituir) la propia naturaleza de la obra maquiaveliana por lo que fue y no por lo que nos gustaría que fuera. Ya sugeríamos aquí que era necesario publicar un nuevo Principe en castellano que fuera capaz de abordar los problemas actuales de la literatura crítica, que así pudiera ser de utilidad, no sólo ni únicamente para el lector medio, sino para todos aquellos que deseen interesarse en la investigación de la obra maquiaveliana. Según los elementos de prueba que he podido ahora presentar, la edición del texto que presenta Colihue ha aumentado esa necesidad.


-La utopía de Tomás Moro: Una sociedad disciplinaria


Muchas son las lecturas que pueden hacerse de la Utopía de Tomás Moro (1478- 1535) y de los objetivos que guiaban al autor en su redacción. En este trabajo se afirma que, más allá de la intencionalidad que se le atribuya a Moro, en la Utopía existe una poderosa advertencia sobre las consecuencias negativas para los individuos que puede tener una aplicación exagerada del idealismo racional en el diseño de las instituciones que rigen la vida social. En este sentido, y siguiendo los planteamientos de Foucault, se muestra que la Utopía es un buen ejemplo de sociedad disciplinaria, tipo de sociedad evidenciada por Foucault a fines del siglo XX. Desde esta perspectiva, y con un perfil humanista, Moro anticipa algunas de las consecuencias negativas que podrían surgir de algunas aplicaciones del racionalismo, que comenzaba a gestarse en su época.



Bibliografía:


  •  Germán Bidegain Ponte Revista PléyadeISSN 0718-655X, Nº. 6, 2010págs. 2-26